Educación en crisis, ¿cuál crisis?

Todos quienes somos padres de niños algún momento nos preguntamos: ¿qué debería hacer para que mi hijo sea feliz? Vivimos en un mundo ocupado del “mercadeo de la felicidad”. El mercadeo ha ingresado a todos los ámbitos de la vida, y la vida infantil no es una excepción, por lo contrario es una tierra bastante labrada para “vender productos de felicidad”.

Es bastante sintomático que hasta hace 30 años la vida de nuestros padres se concentraba en el trabajo y la familia grande. No era una preocupación de vida cómo lograr la felicidad para sus hijos, y nosotros sus hijos disfrutábamos lo que teníamos sin preguntarnos mucho acerca del futuro o de que nos haría felices. Nadie se preocupaba del estado psicológico de nuestro bienestar como hijos. Nosotros simplemente teníamos una “vida libre”, libre de tabúes, prejuicios y libre de las enfermedades de la vida moderna. La vida ha cambiado mucho en 30 años. Hoy en día los padres ya no tienen razones para vivir en paz, tienen muchas para estar preocupados y la verdad es que hay muchos más problemas y amenazas en la gran ciudad.

Hoy en día constituimos familias en base a los preceptos de la sociedad moderna. Nos casamos y hacemos citas con nuestros esposos para vernos el fin de semana. Tenemos hijos y nuestra tarea es trabajar mucho para solventar el lugar donde los dejamos bajo el cuidado de desconocidos. Buscamos la salud en un recetario médico de antídotos y vacunas. Compramos una televisión para completar, -muchas veces realizar- nuestros sueños de vida. Buscamos una libertad económica comprometiéndonos con trabajos que se llevan más y más nuestro tiempo. Creemos que seremos más capaces si obtenemos más títulos universitarios. Se nos imponen maestrías para hacer trabajos que antes hacíamos con un título de Bachilleres o sin él. Para lograr todo lo que queremos, el sistema nos dice que necesitamos mucho dinero, y nos pasamos ofreciendo toda nuestra vida al mejor postor para lograrlo. Pero para el sistema de mercado, todo esfuerzo siempre será insuficiente. Resulta prácticamente imposible lograr los paradigmas de felicidad que el sistema mismo nos ha vendido. Nuestra vida acumula poco a poco un stress del que somos esclavos. En la actualidad la mayoría de matrimonios nos divorciamos y nuestros hijos se quedan con familias fragmentadas, sin el deseo de formar vínculos de compromiso. 

Picasso decía que todos los niños nacen artistas. Si esto fue verdad y Picasso lo dijo hace cien años, debemos preguntarnos: ¿hubo algún error?, ¿los sistemas educativos nos hacen menos creativos?, y,… ¿por qué está sucediendo esto?

Hoy en día vemos cada vez con mayor definición, que el sistema universitario se está concentrando en la formación de personas que "tienen miedo". Definitivamente, ya podemos ver que cientos de jóvenes ingresan a la universidad por miedo y no por motivaciones académicas propias, peor aún con la intención de desarrollar sus talentos. Miedo del futuro, miedo de no obtener un trabajo para el que debes cursar la universidad, miedo de perder en la vida, miedo del esfuerzo de los padres, miedo de quedarse inútiles sin un título universitario.

De hecho, no hace falta mucho conocimiento de historia para comprender que los sistemas educativos universitarios -sobre todo americanos- han bajado el nivel académico en favor de graduar licenciados, masters y doctores que al cabo de 8 años de "mantenimiento universitario" hayan dejado miles de dólares al sistema. Estos jóvenes se gradúan de las universidades con tremendas deudas, y salen a buscar trabajos después de divertirse jugando video juegos en sus casas.

Cabe citar en éste contexto al gran filósofo de la educación moderna Sir Ken Robinson, quien dice: no podemos darnos el lujo de seguir ese proceso de “inflación académica”, que indica que todo el proceso de la educación se está denigrando y decayendo sin escrúpulos...