la música cumple su misión

CUANDO LA EDUCACIÓN MUSICAL CUMPLE SU MISIÓN

Saber música, tocar el piano, la la guitarra, cantar o entonar el violín, la quena o la flauta, la trompeta, siempre ha sido un anhelo, una aspiración y hasta un sueño personal para muchos. En el marco de nuestra “vieja educación” basada en la negación severa, se nos mostraba un freno: pensar que la música requiere de un “talento o habilidades especiales” que no tenemos. “… eso no es para ti, vos no puedes, eso requiere de oído….,” etc., etc.

Hoy, los padres modernos valoran las habilidades artísticas y desean que sus hijos obtengan una formación en artes. La danza, las artes plásticas, la literatura y entre ellas la más apreciada: “la música” forman parte de la oferta para la educación y desarrollo personal de los niños, pero su valor va aún más allá. Y el asunto es que la capacidad de hacer música logra hacer o configurar una potente diferencia de valores entre la calle, la casa, el apego a las posesiones y la amistad, un hogar y la capacidad de disfrutar y compartir la vida.

Si somos observadores podremos reconocer que el “hacer música” tocando o cantando un instrumento enriquece y cultiva la capacidad de entretenimiento, suma motivos de alegría íntima y unidad entre las personas. El quehacer musical es capaz de fortificar los lazos de la vida familiar y brinda una oportunidad inigualable de entendimiento entre los miembros de una familia.

Si lo pensamos un poco, la capacidad de tocar música en casa hace al hogar verdaderamente atractivo protegiendo a los niños y jóvenes de las amenazas de la corrupción en la calle. Los niños que tocan un instrumento musical, desarrollan un encanto personal muy particular que es apreciado por todos.

Muchos padres buscamos un formato de educación musical para nuestros niños y jóvenes. Lastimosamente la educación musical también ha caído en manos de un comercio viral indiscriminado en todos los niveles.

Cuando escogemos un lugar para un curso o taller es necesario considerar por lo menos lo siguiente:

• La trayectoria del ofertante en meses, años de trabajo. • ¿Ofrece realmente educación, o es un taller de entretenimiento? • ¿Hay un planteamiento secuencial, mística, objetivos concisos y metodología o es un taller improvisado? • ¿Tiene la oferta tinte comercial, es informal o plantea retos y objetivos educativos?.