LA MÚSICA EN LA VIDA

El propósito de la música es inculcar un sentido de valor y disciplina en la vida

Vivimos en una sociedad y en un mundo que enseña valores de comercio, capitalismo y materialismo, un mundo que no valora la cultura y que cada año profundiza más en su alejamiento de los valores humanos y por tanto del arte. La cultura tiende más bien a lo bonito efímero, a evitar el aprendizaje del dolor y el esfuerzo en la vida, a la comodidad, el confort y el satisfacer necesidades con un click. La música es manipulada, utilizada para los maléficos fines de esa forma de vida. Literalmente se ha desdibujado su principio y propósito como arte.

Sin embargo, si observamos con claridad, el propósito de la música es inculcar un sentido de valor y disciplina en la vida. Abrir la puerta al desarrollo mental y emocional a través de la expresión y el discurso de la melodía, la armonía y el ritmo. El cometido de la música es múltiple, podría pensarse incluso que infinito. El hecho de tocar música despierta la expresividad personal y da un sentido de armonía a la vida que no se encuentra fácilmente. Esto provee de uno de los más altos sentidos de satisfacción que enriquece el corazón, enaltece los pensamientos, genera paz para el alma y perdura toda la vida. El quehacer musical motiva legítimas ambiciones personales, es inspirador y genera inspiración a otros.

En la actualidad, es muy importante discernir el propósito que yace en la música como su motivación generadora. Hay mucha música en el mundo. La música es un lenguaje y como tal es utilizada para diversos fines. Se hace necesario interpretarlos, conocerlos y saber distinguirlos. Casi sin equivocarnos, podemos decir que no toda la música cumple las condiciones anteriores.

Sócrates decía: “…y a mí también el sueño me animaba a eso que yo practicaba, hacer música, en la convicción de que la filosofía era la más alta música,...”

Y en realidad, hemos visto que el “ejercicio de tocar música” alienta el trabajo de la mente y desarrolla facultades como: la memoria, el vocabulario, la agilidad con las lenguas, la auto disciplina, el talento, nos ayuda a comprender y disfrutar de la poesía y la literatura. El resultado del “hacer musical” previene de la melancolía, brinda contento, agudiza el intelecto, inspira y llena el alma.

En otro comentario Sócrates nos cuenta: “…Calíope, y Urania, … presiden el género de la música; y … por ser entre las musas las que se ocupan del cielo y de los discursos divinos del hombre, son las que emiten la más bella voz….”

Especialmente el entrenamiento en “tocar un instrumento musical”, es provechoso para los niños, quienes obviamente se disciplinan en aquello en que su alma, dedos, oídos y mente se ejerciten.

La música pero cuanto más, la ejecución musical, enaltecen la cultura de las personas, su virtud inculca respeto por el aprovechamiento mental. Sucede algo muy interesante cuando en la educación musical con niños y jóvenes se utilizan ejemplos de música de alto contenido estético o artístico, pues estos requieren de ciertas condiciones de interpretación que inculcan y hacen a las personas reverentes hacia lo bueno, lo bello y lo divino.